El hilo que nos une al 8 de marzo

El 8 de marzo de 1857 cientos de trabajadoras de la industria textil, exhaustas e indignadas, toman las calles de los barrios ricos de Nueva York para reclamar salarios más justos y condiciones laborales más humanas.

Integrantes de piquete durante las huelgas de las camiseras en Nueva York. ARCHIVO

50 años más tarde, bajo el lema “Pan y Rosas”, cerca de 15000 obreras de la confección en Lawrence, Massachusetts, se  declaran en huelga y se manifiestan para exigir recortes en su horario laboral, mejores salarios, derecho al voto y el fin del trabajo infantil.

Y es también en marzo, en 1911, cuando tuvo lugar el desastre industrial con más víctimas mortales en la historia de la ciudad de Nueva York: el incendio de la fábrica de confección de camisas Triangle Waist CO, en el que murieron 146 personas (123 mujeres –la mayoría jóvenes inmigrantes- y 23 hombres). Cuando se desató el incendio, todas las puertas de las escaleras de la fábrica estaban cerradas y no pudieron salir.

 

La fábrica Triangle Shirtwaist Company ocupaba las plantas altas del edificio Asch, entre las calles Washington y Greene de Nueva York

El incendio de Triangle Shirtwaist y las movilizaciones sociales que se sucedieron a finales del S XIX y principios del XX marcaron y siguen marcando las celebraciones del Día Internacional de la Mujer.  Tirar del hilo que nos une al origen de la celebración del 8 de marzo nos entrelaza con historias, luchas, tragedias y logros vividos por mujeres trabajadoras valientes que alzaron su voz contra un sistema de producción que las deshumanizaba.

Sus luchas y sus vivencias consiguieron cambios. Se legisló para que hechos como la tragedia de Triangle Shirtwaist no volviesen a ocurrir. No sólo hubo mejoras en materia de seguridad: también se llevaron a cabo investigaciones para conocer las condiciones de trabajo de las mujeres en las fábricas y se legisló respecto a trabajo infantil, jornadas de trabajo y salarios. En definitiva, el estado intervino para mejorar las condiciones de trabajo y de vida de las personas y castigar los abusos empresariales cuando se diesen.

¿Qué ha sucedido desde entonces?

8 de marzo de 2021. Ha pasado más de un siglo desde estas reivindicaciones y tragedias laborales, pero las condiciones de trabajo en la industria de la confección global continúan siendo deplorables y la realidad de las trabajadoras del textil de hoy día no es muy distinta a la que vivieron las primeras mujeres en alzar la voz exigiendo el respeto de sus derechos.

El modelo económico actual, basado en la deslocalización de la producción textil a gran escala y la maximización de beneficios, pone en manos de las empresas multinacionales la mayor parte del pastel de este ingente negocio: son ellas las que marcan los precios a pagar a proveedores y subcontratas, las que definen los plazos de entrega y órdenes de pedido, quienes deciden dónde envían la producción, buscando siempre los menores costes laborales… Este modus operandi se traduce en peores condiciones de seguridad, jornadas laborales abusivas, sueldos de pobreza, ausencia de prestaciones sociales

Las marcas remuneran a las trabajadoras que tejen su ropa en base a los salarios mínimos establecidos en los países de producción. Habitualmente son tan bajos que tienen como consecuencia perpetuar situaciones de pobreza que obligan a realizar horas extras, ser pluriempleadas o buscar los alimentos más baratos… Las cargas de trabajo se multiplican, especialmente en el caso de las mujeres (el 80% de la fuerza laboral de esta industria), quienes cargan con las labores de cuidados, y les roban absolutamente todo su tiempo. Para que las trabajadoras puedan desarrollar vidas dignas y tengan la oportunidad de llevar a la práctica todas sus capacidades, reclamamos a las marcas que paguen salarios dignos, calculados en base a criterios de género. Así lo refleja el informe ¿Se beneficiarían las mujeres trabajadoras del salario digno?.

La pandemia de COVID-19 no ha hecho sino agravar la ya de por sí precaria situación de las mujeres trabajadoras . El comportamiento irresponsable de las marcas, que con la excusa de la COVID-19 han anulado pedidos en curso, provocado el despido de miles de trabajadoras, ejercido represión sindical… ha puesto todo el peso de la crisis en sus espaldas. Solo en Bangladesh, entre enero y septiembre de 2020 se perdieron cerca de 357.000 puestos de trabajo (el 14% de la totalidad del sector) después de que las marcas cancelaran pedidos por valor de más de 3.000 millones de dólares. Desde la Clean Clothes Campaign desde el comienzo de la pandemia se está registrando diariamente el impacto de la pandemia a lo largo de la cadena de suminsitro en este live-blog.

Tragedias evitables

La negligencia, la codicia, la impunidad, la falta de regulación y la falta de respeto absoluta hacia los derechos humanos son ingredientes del caldo de cultivo que ha convertido a las fábricas textiles en trampas mortales demasiadas veces. Desde el derrumbe del Rana Plaza (la mayor tragedia industrial de la historia, en la que murieron 1134 personas), las tragedias en fábricas textiles no han dejado de sucederse.

Portada del informe «Perfiles y condiciones laborales en el sector textil de Tánger (Marruecos) SETEM Catalunya y Attawassoul

La más cercana, en febrero de este año, ha sido la muerte en un taller de Tánger de 28 personas trabajadoras, 19 de ellas mujeres. Un taller situado en los sótanos de un edificio residencial, que carecía de las mínimas medidas de seguridad, se inundó por las fuertes lluvias que azotaron la ciudad. Las trabajadoras murieron ahogadas y electrocutadas.

Desde la Campaña Ropa Limpia llevamos años denunciando la precariedad en el sector textil en Tánger (SETEM Catalunya junto con la asociación marroquí Attawassoul publicaron un informe con datos alarmantes sobre la realidad que viven las trabajadoras de la confección en Marruecos). Estamos siguiendo de cerca el caso, y esperamos contar con pruebas concluyentes sobre las marcas que producían en el taller en el momento de la tragedia.

Inseguridad y acoso sexual en el trabajo

A las ya de por sí inseguras e insalubres condiciones laborales que sufren las personas que fabrican nuestra ropa y calzado, hemos de sumar la discriminación sistemática y los riesgos y amenazas a los que se ven sometidas las trabajadoras por el hecho de ser mujeres.  Las trabajadoras de la industria textil son las que sufren mayores tasas de acoso sexual y violencia de género en el trabajo, según el Business & Human Rights Resource Center.

A principios de enero de este año, en Natchi Apparels, fábrica india que abastece a H&M, tuvo lugar la violación y el asesinato de una de las empleadas, de apenas 20 años de edad, a manos del supervisor de la planta. Se trataba de una mujer de casta Dalit, o “intocable”, la casta más pobre y discriminada de la sociedad india.

¡Basta de violencia contra las mujeres!

Tragedias como la sucedida en Tánger hace un mes, o la que acabó con la vida de la trabajadora de Natchi Apparels, son la punta del iceberg de un sistema de producción opresivo que deshumaniza a  las mujeres trabajadoras.

Estos sucesos sacan a la luz la falta de humanidad e impunidad con la que se fabrica la ropa que inunda las estanterías de las tiendas de ropa de nuestras ciudades, y ponen de manifiesto la urgente necesidad de acuerdos vinculantes que responsabilicen a las marcas e impidan que operen de forma irresponsable en muy distintos rincones del planeta.

Exijamos responsabilidad a las empresas

La industria de la confección actual es un modelo de explotación sistemática de la mujer, y de precarización de su situación.

Todos los actores que participamos en esta industria, cada cual en nuestro papel, debemos actuar para no ser cómplices de esta cruda realidad. Como personas consumidoras, además de poder cuestionar nuestros hábitos de compra y el impacto que tienen en las personas y el medioambiente, tenemos un poder colectivo inmenso que debemos utilizar para exigir a las marcas cambios radicales en su modelo de negocio si quieren seguir contando con nuestro dinero.

Está en nuestra mano exigir al poder político que ejerza su función pública y legisle para atajar los efectos negativos de la globalización. Para garantizar que las empresas se tomen en serio su responsabilidad y actúen con debida diligencia es necesario establecer regulaciones vinculantes y sanciones, así como garantizar el empoderamiento de las trabajadoras a través de los sindicatos.

En esta línea, la Campaña Ropa Limpia junto a numerosas organizaciones civiles y cientos de miles de personas, hemos participado en la consulta pública puesta en marcha por la Comisión Europea para exigir unas leyes rigurosas que obliguen a las empresas transnacionales a respetar los Derechos Humanos y el medio ambiente. Será este 8 de marzo de 2021 cuando se presentará a votación en el Parlamento Europeo el informe con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre diligencia debida de las empresas y responsabilidad corporativa. Seguiremos de cerca los avances al respecto e iremos informando puntualmente.

También este mes de marzo tenemos una nueva oportunidad de presionar y exigir a las marcas que paguen lo que deben a sus trabajadoras: durante la semana de acción global #PayYourWorkers (#PagaATusTrabajadoras) del 15 al 21 de marzo intensificaremos la presión a grandes marcas del sector como Nike, H&M, Primark… Te invitamos a participar desde tus redes sociales e implicarte en la lucha por los derechos de las trabajadoras del textil.

La reivindicación y la lucha por los derechos de las mujeres, y en concreto de las trabajadoras de la industria de la confección, mantienen toda su fuerza e intensidad este 8 de marzo de 2021 a pesar de que las circunstancias actuales no nos permitan llevarla a las calles.

Desde la Campaña Ropa Limpia seguiremos cada día acompañando las luchas de estas mujeres y siendo altavoz de su realidad para lograr, juntas, transformarla.

Contamos con tu apoyo.

 

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